sábado, 17 de julio de 2010

LLEGÓ EL DIA "G"


“Ante los ojos de Dios somos todos iguales” dijo el sacerdote en una larga misa que se celebrara en la primavera de la vida de cualquier ser que asistiera a una iglesia Católica Apostólica Romana a cumplir con los sacramentos dictados por dicha institución.
Desde tiempos inmemoriales la Iglesia se ha equivocado una y otra vez, ha quemado gente viva, ha enviado a inquisidores a culpar a personas que nada malo habían hecho; ha presenciado interrogatorios con picanas de por medio y ahora quiere prohibirle a dos personas del mismo sexo que se aman a casarse y adoptar hijos.
Pero no solo la Iglesia en la Argentina se opone a que dos personas de preferencia homosexual obtengan el matrimonio, una parte gruesa de la sociedad se opone tajantemente, no sólo a la unión civil, la adopción de hijos es considerada un escándalo, y ni hablar en Salta, donde una sociedad ultra-conservadora ve a los homosexuales como marcianos o personas marginales y despreciables.

Llegó el día en que los argentinos tenemos que votar una ley por la igualdad, por la diversidad de géneros, por la pluralidad y sobre todo por la libertad de hacer lo que se quiera mientras no se atropellen los derechos de otros, y esta en particular no es una ley que atropelle los derechos de nadie.

A pesar de que el corrupto traidor y vende patria Carlos Saul Menem estuvo 15 minutos en el senado y se fue como rata, es uno de los que está en contra de esta ley, hubo quórum igualmente y ya se debate en el senado la polémica ley.

El día 14 de julio será seguramente recordado como el día en que el Senado debatió esta ley. Hubo marchas a favor y en contra, es un debate donde juegan hasta las ideologías y donde la palabra “libertad” se prostituye en cada frase, en cada expresión.

Ang Lee dio una lección de dirección cinematográfica y también de vida con su monumental película “Secreto en la montaña”Brokeback Mountain, donde muestra como dos hombres no pueden amarse libremente y a uno de ellos le obsequian una muerte horrorosa por la intolerancia de una sociedad inmadura e hipócrita.

Larry Flint luchó por sus libertades individuales y logró sentar precedente en la constitución de los EE. UU. por las publicaciones lascivas en su revista Hustler, caso que lo llevó a la Corte Suprema cuando toda la derecha religiosa americana se le puso en contra, por suerte, para él, una de las enmiendas de esa constitución protegió a su empresa y a su integridad y hoy en ese país las libertades individuales son herramientas de la vida cotidiana para todos: negros, blancos, religiosos, ateos, gays o heterosexuales.

Estos dos ejemplos no hablan de hombres gays, ninguno de los dos lo son, ni Ang Lee, ni Larry Flint, estos ejemplos hablan de libertades individuales, por que el tema en cuestión no son los gays, es la libertad de cada una de las personas que habitan el suelo argentino, por que si podemos aprender de otros ejemplos tales como que hace 50 años en Missisipi los negros tenían un baño para ellos y los blancos otro, y a aquel negro que tuviera relaciones sexuales con una mujer blanca se le daba una condena de 10 años de prisión y ahora tienen un presidente negro, es un ejemplo extraordinario de madures, de valor civil ante la mediocridad y la intolerancia.

Con los gays pasa exactamente lo mismo en la Argentina, tienen su zona, como si fueran leprosos, si muestran su amor ante otros se los mira como fenómenos extraños y ni hablar de que contraigan matrimonio. Ser acusado de gay es algo parecido a la inquisición, y es tan perversa la cuestión que aquel que no sea gay, si defiende a uno de ellos es acusado de ser gay, o marica, o poco hombre.

De seguro quien escriba un artículo como este será acusado de ser gay y no de ser un defensor de las libertades individuales. Llegó la hora de madurar, de mostrarle al mundo y sobre todo a nosotros mismos que somos mejores, que somos valientes, que tenemos agallas para mirar al otro de la misma forma que nos miramos a nosotros mismos.

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